Pensar la recría por etapa – Conecar. Nutrición Animal

Pensar la recría por etapa

Cuando se habla de recría de vaquillonas suele reunirse bajo una misma categoría un período que, nutricionalmente, tiene muy poco de uniforme. Entre una ternera que acaba de dejar la crianza y una vaquillona próxima al primer parto cambian la capacidad de consumo, el funcionamiento digestivo y, más adelante, las demandas asociadas a la gestación y al inicio de la lactancia.

Por eso, una estrategia nutricional que funciona correctamente durante los primeros meses puede dejar de ser adecuada más adelante, aunque todos los animales sigan formando parte de la misma “recría”.

El desafío no pasa por multiplicar dietas, sino por reconocer los momentos en que cambian los requerimientos y ajustar la alimentación en consecuencia.

La pregunta debería ser simple: ¿qué necesita el animal en esta etapa y qué nutrientes hacen falta para cubrirlo?

Después del destete: evitar un freno nutricional

La salida de la crianza representa uno de los primeros cambios importantes.

Hasta ese momento, la ternera recibió una alimentación de alta calidad nutricional. Después del destete, toda la provisión de nutrientes pasa a depender de alimentos sólidos y de un rumen que todavía continúa desarrollando su capacidad funcional.

El riesgo es reducir demasiado rápido la concentración nutricional de la dieta.

Que una ternera pueda consumir forraje no significa que cualquier forraje alcance para cubrir sus requerimientos. Su capacidad de ingestión todavía es limitada y una dieta de baja digestibilidad puede llenar el rumen antes de aportar suficiente energía y proteína.

En esta etapa interesa mantener alimentos de buena calidad, asegurar un aporte adecuado de proteína y energía y evitar cambios bruscos en ingredientes y manejo.

Si después del destete aparece una caída marcada en el desempeño, conviene revisar consumo real, calidad de los alimentos y situación sanitaria.

La transición debería permitir que el animal pase de una dieta predominantemente líquida a otra completamente sólida sin que ese cambio se convierta en una restricción nutricional.

Recría inicial: la relación entre energía y proteína importa

Cuando aumenta la capacidad de consumo y el rumen adquiere mayor protagonismo, los recursos forrajeros pueden ocupar una proporción creciente de la dieta.

Pero una vaquillona joven no utiliza todos los nutrientes de la misma manera. Está desarrollando hueso, músculo, órganos y estructura corporal, por lo que el equilibrio entre energía y proteína resulta especialmente importante.

Una dieta con exceso de energía respecto del aporte proteico puede favorecer una deposición de tejido diferente de la buscada. En el extremo contrario, una deficiencia energética limita el aprovechamiento de la proteína.

Por eso conviene pensar la dieta como un conjunto y no analizar nutrientes de forma aislada.

En sistemas pastoriles, además, ese equilibrio puede cambiar rápidamente durante el año. Una pastura vegetativa y de buena calidad tiene un valor nutricional muy diferente al mismo recurso cuando madura y aumenta su contenido de fibra.

Lo mismo sucede con henos, silajes y subproductos.

La formulación debería partir de lo que esos alimentos realmente aportan y no únicamente de la cantidad disponible.

Cuando aumenta el consumo, cambia la forma de formular

A medida que la vaquillona crece, aumenta el volumen ruminal y la capacidad de ingerir materia seca.

Esto permite trabajar con una mayor participación de forrajes e ingredientes producidos en el establecimiento, algo particularmente importante en sistemas lecheros donde existe disponibilidad de pasturas, silajes, granos o subproductos.

Pero una mayor capacidad de consumo no corrige automáticamente una dieta de baja calidad.

Cuando el forraje es demasiado fibroso o presenta baja digestibilidad, aumentar el volumen ingerido tiene un límite físico. Por eso conviene evaluar conjuntamente consumo de materia seca, calidad de la fracción forrajera y aporte proteico y energético de la dieta completa.

Es aquí donde la suplementación debería responder al nutriente que efectivamente falta.

No tiene demasiado sentido mantener durante meses una misma cantidad o composición de suplemento si cambió la pastura, ingresó otro silaje o comenzó a utilizarse un nuevo subproducto.

La dieta base define qué hay que complementar

Uno de los errores habituales es pensar primero en el suplemento y después en la dieta. El razonamiento debería ser inverso.

Primero hay que saber qué aportan los recursos disponibles y, a partir de allí, determinar qué hace falta complementar. Materia seca, proteína y fibra constituyen algunos de los parámetros básicos. Según el sistema, puede ser necesario profundizar también en energía, digestibilidad, almidón, minerales u otros componentes.

Esta información permite evitar dos ineficiencias: comprar nutrientes que la dieta ya aporta en cantidad suficiente o dejar sin corregir aquello que verdaderamente está limitando el desempeño.

Una alimentación basada en una pastura con alto contenido proteico necesita una complementación diferente de otra apoyada principalmente en silaje de maíz. Un heno maduro tampoco genera el mismo escenario que un verdeo de buena calidad.

Por eso, la suplementación debería comenzar con una pregunta concreta: ¿qué está aportando hoy la dieta base y qué le falta?

Formular también significa adaptarse a la variabilidad

Los alimentos utilizados en los tambos argentinos no son constantes durante el año.

La composición de una pastura cambia con su estado fenológico, la disponibilidad de hojas, las condiciones climáticas y el manejo. Los silajes presentan variaciones entre campañas, híbridos, momentos de picado y condiciones de conservación. Los subproductos pueden modificar su contenido de humedad y nutrientes entre partidas.

Esto significa que una dieta correctamente formulada puede dejar de estarlo aunque el productor no haya cambiado formalmente los ingredientes.

Por eso, el análisis periódico de los principales recursos tiene una función operativa: permite detectar cuándo cambió la base sobre la cual se había formulado.

Esta mirada es especialmente importante en la recría porque, a medida que aumenta el consumo, una mayor proporción de los nutrientes proviene precisamente de esos recursos.

La preñez incorpora nuevos destinos para los nutrientes

Cuando la vaquillona queda gestante, la nutrición entra en otra etapa.

El alimento ya no sostiene únicamente mantenimiento y crecimiento corporal. A medida que avanza la gestación, una proporción creciente de nutrientes se destina al desarrollo fetal, la placenta y otros tejidos asociados.

Durante los primeros meses esa demanda adicional todavía es relativamente baja. En el último tercio aumenta significativamente.

Por eso, una dieta adecuada al comienzo de la preñez puede necesitar una revisión más adelante. Además, existe una diferencia fundamental respecto de una vaca adulta seca: la vaquillona todavía continúa su propio desarrollo.

Debe cubrir simultáneamente mantenimiento, crecimiento y gestación. Esa combinación modifica la forma de interpretar sus requerimientos y obliga a evitar el traslado automático de criterios nutricionales diseñados para animales adultos.

En gestación avanzada, la proteína merece una revisión específica

A medida que se aproxima el parto, aumenta la demanda asociada al crecimiento fetal y a los tejidos gestacionales. En ese contexto, mirar solamente el porcentaje de proteína bruta de la dieta puede resultar insuficiente.

También importa el consumo total, la degradabilidad de las fuentes proteicas y cuánto de ese aporte termina disponible metabólicamente para el animal.

Este aspecto adquiere especial relevancia cuando las dietas tienen una fuerte participación de forrajes maduros o subproductos cuya composición puede variar.

Una ración puede ser abundante en volumen y, al mismo tiempo, presentar limitaciones nutricionales.

Por eso, el ingreso al último tercio de gestación constituye un buen momento para revisar nuevamente la dieta completa y verificar si continúa respondiendo a las necesidades de la categoría.

El preparto cambia nuevamente las prioridades

Las últimas semanas antes del parto representan uno de los cambios nutricionales más profundos de todo el proceso.

Hasta ese momento, la alimentación estuvo orientada principalmente al desarrollo y la gestación. Ahora también debe preparar al organismo para el inicio de la lactancia.

El crecimiento fetal adquiere mayor importancia, cambia el metabolismo de algunos nutrientes y puede disminuir el consumo de materia seca. La concentración nutricional de la dieta vuelve entonces a ocupar un lugar central.

También cambia la relevancia del manejo mineral. Calcio, fósforo, magnesio, potasio y sodio deben evaluarse como parte de un sistema y no como elementos aislados. El aporte mineral de los propios forrajes puede condicionar significativamente la estrategia.

Un ejemplo es el potasio. Recursos con concentraciones elevadas pueden modificar el planteo mineral del preparto y obligar a revisar la selección de ingredientes. Por eso, conocer la composición de los alimentos cobra en esta fase una importancia todavía mayor.

El preparto no debería copiar la dieta de una vaca seca adulta

Una vaquillona próxima al primer parto tiene características particulares.

Está gestando, se prepara para iniciar la lactancia y todavía mantiene requerimientos asociados a su propio desarrollo. Por eso, nutricionalmente no debería considerarse simplemente una vaca seca de menor tamaño.

También puede existir una diferencia de comportamiento dentro del lote.

Cuando vaquillonas y vacas adultas comparten espacio, las primeras pueden quedar en desventaja competitiva para acceder al alimento o al lugar de descanso. Esto significa que una dieta correctamente formulada sobre el papel no siempre se traduce en el consumo esperado.

Siempre que la infraestructura lo permita, considerar estas diferencias ayuda a que la estrategia nutricional llegue efectivamente al animal para el cual fue diseñada.

¿Cuándo conviene revisar la dieta?

No es necesario establecer una nueva fórmula para cada mes de vida. Resulta más práctico reconocer situaciones que justifican una revisión nutricional.

Una de ellas ocurre cuando cambia significativamente el tipo o calidad de los alimentos disponibles: una nueva pastura, otro silaje, un heno diferente o la incorporación de un subproducto.

Otra aparece cuando cambia el estado fisiológico: salida del posdestete, gestación avanzada o ingreso al preparto.También corresponde revisar cuando el consumo real se aleja de lo esperado o la respuesta del lote indica que la dieta no está cumpliendo el objetivo planteado.

La pregunta no debería ser necesariamente “¿tenemos que cambiar la dieta?”, sino algo más básico:

¿La dieta que formulamos meses atrás sigue siendo adecuada para el animal y los alimentos que tenemos hoy?

Un programa nutricional, no una única fórmula

Pensar la recría por etapas no significa hacer más complicada la alimentación. Significa reconocer que las prioridades nutricionales cambian.

Después del destete interesa trabajar con suficiente concentración de nutrientes dentro de una capacidad de consumo todavía limitada. Con el desarrollo ruminal aumenta la posibilidad de utilizar recursos forrajeros e ingredientes propios. Más adelante, la gestación incorpora nuevos destinos para la energía y la proteína. Finalmente, el preparto requiere preparar al organismo para una transición metabólica completamente diferente.

En cada momento pueden utilizarse alimentos balanceados, concentrados, premezclas, suplementos minerales o ingredientes disponibles en el establecimiento. La herramienta específica dependerá del sistema.

Lo importante es entender qué función tiene dentro de la dieta. La estrategia más eficiente no consiste en mantener durante toda la recría una misma fórmula porque resulta cómoda, ni en modificarla continuamente sin fundamentos.

Consiste en conocer qué aporta la dieta, entender cómo cambian los requerimientos y complementar aquello que realmente necesita cada etapa.

Porque la recría constituye una sola categoría desde el punto de vista organizativo.

Desde el punto de vista nutricional, en cambio, la futura vaca cambia varias veces antes de llegar al primer parto.